Un «rondeño» muy especial

«Fernando por Dios  ¡no veas lo que tengo delante!  ¿Te puedes venir mañana?»

Este año me decidí por montear con una organización no muy conocida, Cinegética Montes de Málaga, pues tenían buenos precios y me hablaron muy bien de los responsables. Finalmente les contraté tres monterías de las que he disfrutado mucho. De esta forma conocía una zona nueva, Ronda y los Montes de Málaga que dan nombre al grupo.

Rafa y Juanjo son los que llevan todo el peso de la organización desde Almogía, un pueblo precioso a solo 20 kilómetros de Málaga capital y ubicado en plenos Montes malagueños, que sin ser una gran cordillera tienen unos desniveles impresionantes.

Viendo el programa de estos monteros malagueños observé que disponían de precintos de macho y me puse en alerta. Es una caza que cada vez me apasiona más, una droga que aumenta cada temporada y cada vez que veo una oportunidad de afrontarla.

Hablé con ellos, en una de las monterías, y me comentaron que tenían dos precintos: uno en Almogía, pero que allí los machos eran pequeños, y otro en Benaoján, pueblo serrano muy cerca de Ronda. Así que, sin pensarlo, me quedé con este último. Además era en la primera finca que monteé con ellos donde tuve la suerte de abatir dos venados y pude ver dos piaras de cabras con algún machete. Eso sí, me avisaron que los machos  «rondeños»  son más pequeños, apenas llegan a los 60cms y a los 20 de base. Pero me daba igual, el paisaje era increíble y Rafa y Juanjo unos fuera de serie.

A principios de febrero, en la tercera y última montería que compartí con ellos, les pregunté que cuando íbamos a recechar. Juanjo me comento que teníamos que esperar a que terminara la época de monterías para controlar a los machos. Me comentó que los pastores de la finca habían visto más de 50 cabras y que entre ellas iban dos machos bastante grandes, muy probablemente rondando los 60. Así que me dije… «paciencia y a esperar mi llamada».

Eso fue el Sábado 8 de febrero y el lunes 10 me llama Juanjo súper nervioso, acelerado..

«Fernando, por Dios  ¡no veas lo que tengo delante!  ¿Te puedes venir mañana?»

Le contesto que tranquilo, que me diga que pasa y donde.

Resulta que tenía delante una piara de 12/14 machos con 15/20 hembras y que uno de ellos era de más de ¡60!. Él calculaba que unos 65/67, lo cual, para un rondeño, es una pasada.

Me pasa las fotos y veo que, efectivamente, es un machaco. Pero… ¿Qué hago? Es día laborable. Nervios… Que sí voy, que no voy, que lo aproveche entonces otro cazador….  

Y de repente caigo: tengo cita al día siguiente en Córdoba, en la Junta de Andalucía, a las 9. Se lo digo a Juanjo y más nervios… ¿Estarán los machos mañana?

La idea, hay que ver lo rápido que pensamos los cazadores, era ir a Córdoba, acudir a la cita “enchaquetao” y, si Juanjo me confirmaba al salir que seguían allí, bajarme hasta el lugar donde estaban y rececharlos. Con una condición: no me llevaba mi rifle, me daba miedo que me lo robaran. Por supuesto, Juanjo no puso ningún problema en llevar uno suyo.

En fin, 10 de febrero, cita en Córdoba a las nueve y yo muy profesional sin pensar para nada en el macho. Cuando termino sobre las diez llamo a Juanjo, descuelga el teléfono y me habla susurrando… «Fernando, aquí vienen. Pero no veo al grande. ¡Espera, espera!  Ahí está, va el último, el muy….»

«Entonces ¿me bajo, Juanjo?” Le digo.

Imaginaos la respuesta. Así que carretera y manta hacia la ubicación que me pasó. Llevaba mi ropa de campo y me cambié en una venta. ¡Ya si estaba en modo caza!

Llegué en 45 minutos. Vi su pickup en un carril y hasta allí me dirigí. Me bajo, nos damos un abrazo (también estaba Rafa), cojo los prismáticos y a echarles la vista encima. Estaban sólo los machos, tumbados al sol. Incluso alguno parecía estar muerto del relax en el que se encontraban, aunque había dos en pie vigilando. 

Pregunto por el grande: «Detrás de la esparraguera, tumbado pero vigilante«. Yo con los nervios, no lo veía….  “Ea”, rifle preparado, trípode idem y a subir un cerrete para verlos mejor. Enfoco y logro verlo ¡espectacular!… Nervioso, comienzo a fijarlo con el visor. ¡no lo logro! Más nervios, aunque los dos me tranquilizan, no había prisa…

Tenemos que esperar a que se levante, sólo se le ve el lomo y la cabeza”.

Bueno, paciencia. Así le iba cogiendo el pulso al visor. Y, de repente, Juanjo nos dice…  ““A la derecha, atención. ¡Viene un esparraguero en dirección al macho!” No me lo puedo creer.

Y la discusión:

Y en estas la discusión… Lo tiras, no lo tires. Que viene el esparraguero.

Y les digo…

“Lo tengo en el visor apuntando al lomo a 200 metros”.

“Si lo tienes dispara” me dice Rafa.

Y en ese momento el macho alza la cabeza, los otros comienzan a levantarse, y ¡pum! le tiro.

Se levanta trastabillado y anda unos 10 metros, se para ( yo ya había recargado. El rifle era un Blaser del 308. Y yo tiro con Blaser. Con lo cual fuí rápido) y ¡pum! a los pulmones y cae  majestuosamente al barranco que da al pantano de Casasola.

¡Ya tengo mi  «rondeño«!… 

Abrazos, comentarios sobre el lance y a por él.

Después de las fotos de rigor lo llevamos al cortijo de Juanjo, cerca de allí, y lo medimos: 65 y 64. Y 21 de base. ¡Un trofeo magnífico! ¡Y a las puertas de Málaga, viendo su puerto! Una pasada.

PD. Ese mismo día se lo llevé al taxidermista que lo midió en condiciones: 66 en el derecho y 63 en el izquierdo. ¡Un  «rondeño»  de lujo!

Fernando


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